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Temporada veraniega en EEUU sufre el congelamiento de visas

3 weeks 5 days 10 hours ago Monday, July 13 2020 Jul 13, 2020 July 13, 2020 3:01 PM July 13, 2020 in Somos Noticias
Mark Lazarus, dueño de tres parques temáticos, posa para una foto en Myrtle Beach, Carolina del Sur, el 9 de julio del 2020. Lazarus emplea unas 1.000 personas, pero tuvo que suspender algunos servicios porque no puede contar con los aproximadamente 150 trabajadores extranjeros que contrata todos los veranos debido a nuevas restricciones del gobierno de Donald Trump. (AP Photo/Chris Carlson)

Por MICHAEL CASEY

BOSTON (AP) — A esta altura del año, el restaurante Friendly Fisherman de Cape Cod está lleno de estudiantes extranjeros que limpian mesas y ayudan a preparar los pedidos de almejas fritas y “fish and chips” (pescado con papas fritas).

Pero dado que el gobierno congeló sus visas, Janet Demetri no podrá contar con una veintena de empleados este verano. Y ahora que la gente está volviendo a los restaurantes, Demetri tiene solo nueve empleados y debió que cerrar dos veces esta semana.

“Es algo muy perturbador porque hay mucha actividad”, dijo Demetri. “No damos abasto”.

El gobierno de Donald Trump anunció el mes pasado que ampliaba la veda a la entrega de tarjetas verde de residente y hacía extensiva esa medida a otras visas, incluidas las de intercambio cultural J-1 y la H-2B. Los restaurantes, hospitales y otros sectores dependen de esas visas.

El gobierno dijo que la medida abriría 525.000 plazas para estadounidenses que se quedaron sin trabajo por la pandemia del coronavirus, aunque no ofreció pruebas de ello. Los partidarios de una reforma que contenga la inmigración, sobre todo ilegal, elogiaron la medida y afirmaron que debería ser fácil encontrar estadounidenses que hagan de meseros y vendan souvenirs en los sitios turísticos.

“El trabajo que hace la gente con visas H-2B o los que tienen la J-1 en el verano no es nada desconocido para los estadounidenses”, dijo Mark Krikorian, director ejecutivo del Centro para Estudios de la Inmigración, que promueve restricciones. “Son trabajos desempeñados mayormente por estadounidenses, ya sea jardinearía, hacer camas o vender helados. Los negocios van a tener que ponerse las pilas y contratar a 20 millones de personas que no tienen trabajo”.

Los negocios más golpeados por la suspensión de las visas son balnearios y localidades de montaña a lo largo de la costa atlántica, desde partes de New Hampshire hasta Myrtle Beach, en Carolina del Sur.

Los dueños de estos negocios dicen que les gustaría contratar estadounidenses, pero que en muchas regiones no hay suficientes trabajadores para cubrir todas las plazas que se abren en la temporada veraniega. Además, no es fácil convencer a personas que se quedaron sin trabajo y que están cobrando el seguro de desempleo de que acepten trabajar en hoteles y restaurantes en medio de una pandemia. El creciente costo de la vivienda y la necesidad de cuidar de los niños también contribuyen.

Mark Carchidi, cuya empresa Antioch Associates USA II Inc. procesa la documentación de las visas H-2B en la Costa Este, dijo que los negocios con los que trabaja esperaban contar con 30.000 visas adicionales este año, además de las 66.000 ya aprobadas.

El año pasado se concedieron más de 108.000 visas para trabajos de verano, según el Departamento de Estado, pero hasta ahora se han emitido apenas 1.787 y la temporada veraniega ya está en marcha.

“Toda localidad o empresa que funciona solo en el verano en cualquier parte del país ha sido muy golpeada por esto”, dijo Carchidi.

La suspensión de la entrega de visas hace que los negocios se afanen por contratar gente justo cuando la economía empieza a reactivarse. Muchos tienen que trabajar menos horas, ofrecer menos servicios o directamente permanecen cerrados porque no tienen suficiente personal.

Patrick Patrick, quien por años ha contratado de 10 a 15 personas con visa J-1 en su negocio de venta de excedentes del ejército y la armada en Provincetown, Massachusetts, no tiene a ninguno este año. Abre menos horas, no permite que la gente se pruebe ropa y suspendió otros servicios.

“Si no tienes suficiente personal, no lo puedes disimular”, dijo Patrick, quien es el presidente de la cámara de comercio local. “Estamos viendo qué podemos inventar para salir adelante. Tiramos mercancías en el piso en la esperanza de que la gente se tiente con algo al pasar. Pero eso no lo puedes hacer en un restaurante”.

En Myrtle Beach se concedieron unas pocas de las 3.000 visas J-1 y H-2B que esperaban, de acuerdo con Stephen Greene, presidente y CEO de la Myrtle Beach Area Hospitality Association.

Mark Lazarus, presidente y propietario del Lazarus Entertainment Group, emplea 1.000 personas en tres parques temáticos. Incluidas generalmente unas 150 con visas J-1, pero este año no vino nadie y como consecuencia de ello tuvo que reducir la cantidad de cajeros y trabajar menos horas.

Lazarus dice que está a favor de los esfuerzos por contener la inmigración ilegal, pero que lo de las J-1 lo “desconcierta”. No hay suficientes estudiantes para llenar las plazas disponibles en el verano en Myrtle Beach y teme que la veda cause más daños a una economía ya de por sí frágil.

“Nuestros ingresos están disminuyendo porque trabajamos menos horas y no podemos ofrecer todos los servicios de siempre”, se quejó.

Muchos bares, teatros y otras instalaciones, no obstante, siguen cerradas por la pandemia, lo que atenúa el impacto de la escasez de trabajadores.

Pero de todos modos, la veda a la entrega de visas agrava la incertidumbre de negocios como el Meadowmere, que con 145 camas es uno de los hoteles más grandes de Maine. Consiguió solo la mitad de las visas H-2B que solicitó y es probable que no le den las siete u ocho visas para estudiantes J-1.

Algunos negocios tratan de adaptarse a las circunstancias. Varios locales de Hampton, New Hampshire, se las arreglan con familiares que trabajan muchas horas o han podido contratar estudiantes locales que reemplazan a los extranjeros.

“Tengo un grupo de chicos que ahora tienen 17 años que reemplazan a los que venían con las visas J-1, con los que espero poder contar los próximos cinco años”, dijo Tom McGuirk, dueño de un hotel y restaurante que pudo reemplazar a siete empleados con visas J-1 con adolescentes que trabajaban en teatros y campamentos de verano que cerraron.

En el Friendly Fisherman Demetri no ha tenido la misma suerte. Ha colocado avisos en diarios y otros sitios y ofrece 14 dólares la hora a los que están aprendiendo y 16 dólares más propinas a los que ya saben el trabajo, pero dice que hay pocos interesados con excepción de “chicos de 14 años” que pueden trabajar solo en ciertas horas y hacer solo algunos trabajos.

“Estos estudiantes no le sacan trabajo a nadie de aquí. Ni uno solo”, aseguró Demetri, aludiendo a los que tienen visas J-1.

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